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"¿Por qué no lo puso antes?", se preguntaban los hinchas que aún estiraban el último alarido de gol, el del desahogo final, el que les dio la tranquilidad de que el partido con los tucumanos estaba liquidado. Daniel Alberto Villalva ametrallaba de alegría a sus compañeros y con un puñado de minutos se las arreglaba para demostrar que aquellos primeros partidos de la mano de Gorosito no fueron un veranito pasajero. "Ahora tengo que empezar de cero otra vez", opina, pura humildad, el Keko, que justo se fue al Mundial Sub 17 cuando arrancó la era Astrada. "Es un jugador joven, con un futuro enorme. Recién suma una semana de trabajo con nosotros y por eso lo queremos llevar de a poco", fue la explicación del Jefe sobre haber tenido a la joyita entre los suplentes. Pero arrancando entre los 11 o desde el banco, el correntino cumple al pie de la letra con los pasos de su curso acelerado de madurez. A los 17 años ya cuenta con un Mundial, ocho partidos y tres goles en Primera, la mochila de ser la gran promesa y la difícil experiencia de ser parte de un impredecible River. Todo esto lo debió asimilar en un lapso de dos meses: "Todo lo que me viene pasando es increíble".
-¿Sentís que podés ser el salvador de River?
-No me siento el salvador. Los que tenemos que salvar a River somos todos, el plantel, el cuerpo técnico, uno solo no hace magia. Yo sólo me siento parte de ese todo. Tenemos un grupo con muchos jugadores importantes, gente de experiencia como Ariel, Marcelo y Matías, a los que hay que escuchar y seguir para aprender y crecer. Ellos vivieron todo en el club y también en el exterior, por lo que sus consejos son muy valiosos.
-¿Qué te dijo Astrada cuando volviste?
-Yo había hablado con él antes de viajar a Nigeria y después me recibió muy bien, me pidió que siguiera trabajando. Sé que no tengo un puesto asegurado, me lo debo ganar. Hay muchos delanteros, deberé esperar mi turno y trataré de no defraudar cuando me toque ingresar.
-Méritos ya hicisite: el domingo entraste contra Atlético Tucumán y a los seis minutos metiste un gol...
-Me puso muy contento porque necesitábamos un triunfo. Pudimos dar vuelta el resultado y fue un envión anímico importante para el grupo. En lo personal me dio felicidad volver al gol, en el Mundial no la había podido meter y un delantero debe convertir. Eso me había bajoneado, aunque en general creo que tuve un buen torneo.
-¿Qué te dejó el Sub 17?
-Sobre todo la felicidad de haber sido parte de la Selección en un torneo de esas características. Lo disfruté. Lástima que volví amargado por lo que nos pasó al final del torneo con Colombia. Nos quedamos afuera en un partido rarísimo, todavía me cuesta entenderlo. Si lo teníamos controlado...
-¿Y además de jugar pudiste conocer algún lugar de Nigeria?
-Muy poco porque casi no salíamos a la calle por la inseguridad.
-¿Era para tanto?
-A todos lados íbamos en micros que andaban a toda velocidad. Un día se nos cruzaron unos pibes y la policía los reventó a palos. Lo que más me golpeó de Nigeria fue la pobreza.
-¿Es comparable a la que se ve en la Argentina?
-Mucho peor. Ahí vi chicos de tres o cuatro años juntando troncos, trabajando. Les dije a mis compañeros: "Miren, nosotros nos quejamos de cualquier pavada". Lo que sí destaco es la alegría de varios nigerianos. Antes de un partido pusimos cumbia y ellos se pusieron a bailar como si fueran de acá junto a nosotros. Fue lindo eso.
-¿Es cierto que vos eras el dueño de la música?
-No, también me ayudaban Olid, Cirigliano... Aparte yo tengo un par de discos que no les gustan a los demás y las debo escuchar con auriculares.
-¿Como cuáles?
-De Cachito Ubeda, un cantante de chamamé de mi pueblo. O a los Mai Mareos los escuchaba yo solo.
-¿Te enteraste de que hubo veedores de los clubes europeos más importantes que se interesaron en vos?
-La verdad que no. Yo sólo fui a jugar, no pensaba en otra cosa.
-¿Te irías si vinieran a buscarte de Europa?
-No, hoy no se me cruza por la cabeza algo así. Todavía quiero estar mucho tiempo más en River, seguir jugando con esta camiseta, consolidarme y poder salir campeón. Me faltan conseguir un montón de cosas para llegar a ese momento.
Fuente e imagen: Olé
-¿Sentís que podés ser el salvador de River?
-No me siento el salvador. Los que tenemos que salvar a River somos todos, el plantel, el cuerpo técnico, uno solo no hace magia. Yo sólo me siento parte de ese todo. Tenemos un grupo con muchos jugadores importantes, gente de experiencia como Ariel, Marcelo y Matías, a los que hay que escuchar y seguir para aprender y crecer. Ellos vivieron todo en el club y también en el exterior, por lo que sus consejos son muy valiosos.
-¿Qué te dijo Astrada cuando volviste?
-Yo había hablado con él antes de viajar a Nigeria y después me recibió muy bien, me pidió que siguiera trabajando. Sé que no tengo un puesto asegurado, me lo debo ganar. Hay muchos delanteros, deberé esperar mi turno y trataré de no defraudar cuando me toque ingresar.
-Méritos ya hicisite: el domingo entraste contra Atlético Tucumán y a los seis minutos metiste un gol...
-Me puso muy contento porque necesitábamos un triunfo. Pudimos dar vuelta el resultado y fue un envión anímico importante para el grupo. En lo personal me dio felicidad volver al gol, en el Mundial no la había podido meter y un delantero debe convertir. Eso me había bajoneado, aunque en general creo que tuve un buen torneo.
-¿Qué te dejó el Sub 17?
-Sobre todo la felicidad de haber sido parte de la Selección en un torneo de esas características. Lo disfruté. Lástima que volví amargado por lo que nos pasó al final del torneo con Colombia. Nos quedamos afuera en un partido rarísimo, todavía me cuesta entenderlo. Si lo teníamos controlado...
-¿Y además de jugar pudiste conocer algún lugar de Nigeria?
-Muy poco porque casi no salíamos a la calle por la inseguridad.
-¿Era para tanto?
-A todos lados íbamos en micros que andaban a toda velocidad. Un día se nos cruzaron unos pibes y la policía los reventó a palos. Lo que más me golpeó de Nigeria fue la pobreza.
-¿Es comparable a la que se ve en la Argentina?
-Mucho peor. Ahí vi chicos de tres o cuatro años juntando troncos, trabajando. Les dije a mis compañeros: "Miren, nosotros nos quejamos de cualquier pavada". Lo que sí destaco es la alegría de varios nigerianos. Antes de un partido pusimos cumbia y ellos se pusieron a bailar como si fueran de acá junto a nosotros. Fue lindo eso.
-¿Es cierto que vos eras el dueño de la música?
-No, también me ayudaban Olid, Cirigliano... Aparte yo tengo un par de discos que no les gustan a los demás y las debo escuchar con auriculares.
-¿Como cuáles?
-De Cachito Ubeda, un cantante de chamamé de mi pueblo. O a los Mai Mareos los escuchaba yo solo.
-¿Te enteraste de que hubo veedores de los clubes europeos más importantes que se interesaron en vos?
-La verdad que no. Yo sólo fui a jugar, no pensaba en otra cosa.
-¿Te irías si vinieran a buscarte de Europa?
-No, hoy no se me cruza por la cabeza algo así. Todavía quiero estar mucho tiempo más en River, seguir jugando con esta camiseta, consolidarme y poder salir campeón. Me faltan conseguir un montón de cosas para llegar a ese momento.
Fuente e imagen: Olé


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